25 Años egresados

25 Años egresados

viernes, 19 de diciembre de 2014

1989. 25 años después



1989 quizás haya sido uno de los extraños de mi vida. Se acababa el colegio después de una larga etapa de crecimiento no sin cambios a veces extraños en nuestros cuerpos y mentes. Se acababa también una década que ahora miramos como trágica llena de miedos y terror. El miedo 25 años después aún no termina, pero siempre se cree que hay una esperanza, y esto me resulta extraño. Y es que la generación del 89 fue una generación en donde se mezclaban esos temores pero también la esperanza y porque no decirlo la alegría. 

Los asesinatos y masacres habían comenzado en enero en la Rochela, había seguido con el asesinato en el aeropuerto el Dorado al candidato presidencial de la UP José Antequera y en julio se iniciaban los carros bombas con un atentado al gobernador de Antioquia Antonio Roldán Betancur cerca del estadio Atanasio Girardot en donde murió. En julio también fue asesinada en Medellín la jueza Maria Helena Díaz por confirmar las medidas de aseguramiento contra Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha y Fidel Castaño. Carlos Valencia García, Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, también fue asesinado por cuatro sicarios en Bogotá. El crimen y el terror no parecía tener límites. 

El 18 de agosto de 1989 es una fecha tristemente histórica para Colombia. Fue asesinado en plena plaza pública de Soacha Luis Carlos Galán, hecho que estremeció a todo el país y balas que todavía replican en nuestros corazones de un candidato que prometía el cambio y la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Ese mismo día pero por la mañana había sido asesinado al parar en un semáforo el coronel Valdemar Franklin Quintero Comandante de la Policía de Antioquia. Cientos de policías habían sido masacrados ese año ya que Pablo Escobar ofrecía dos millones de pesos por cada policía muerto. 

El sábado 2 de septiembre, mientras hacíamos algunos ejercicios militares en la Escuela de Infantería, escuchamos todos una explosión. Pablo Escobar había puesto un carro bomba en la sede de el periódico "El Espectador", sede que quedó derruida. Eran las 6.43 de la mañana y aunque nos estremecimos continuamos con normalidad nuestro día de servicio. En octubre también estalló un carro bomba en el periódico "Vanguardia Liberal" de Bucaramanga y el 29 de octubre atentaron al salir del noticiero "Mundo Visión" contra el periodista Jorge Enrique Pulido quien moriría después, y en donde resultó herida Maria Jimena Godoy hermana de una estudiante del Colegio. Parecía que nadie estaba a salvo. 

Mientras en Colombia llovían balas y tronaban bombas el mundo cambiaba. En junio de 1989 se habían presentado una serie de protestas en la plaza de Tiananmén en Pekín  en donde fueron muertos varios estudiantes que pedían cambios, y en el mes de noviembre y justo al fin del colegio se caía el Muro de Berlín. Scorpions sonaba como banda sonora, se acaba la Guerra Fría y nuestros contemporáneos de Europa del Este llenaban las plazas con marchas de alegría y reconciliación. Por acá pensábamos que en realidad era un gran cambio pero que esto no supondría, como supuso, el fin de la Unión Soviética y el colapso del comunismo en gran parte del mundo. 

Sin embargo, en nuestro país la barbarie no acababa. A finales de noviembre y principios de diciembre nos sorprendían los más cruentos hechos de terror que ha vivido Colombia en toda su historia por el narcoterrorismo: el 15 de noviembre asesinaron al árbitro Armando Pérez después de haber salido de un partido entre el Medellín y el América; el 27 de noviembre estalló una bomba en un avión de Avianca en pleno vuelo que supuestamente estaba dirigida a matar al candidato, luego Presidente, César Gaviria, en donde murieron 107 personas; y el 6 de diciembre estalló la bomba del edificio del DAS con 500 kilos de dinamita que se oyeron en toda la ciudad como un inmenso trueno.

Estas tristezas se mezclaban con alguna alegría como la clasificación de Colombia para el Mundial de fútbol de 1990 con un partido de ida en Barranquilla y otro en Tel - Aviv con un gol de Usurriaga que nos dio la clasificación para Italia 90, clasificación que no conseguíamos desde 1962. Nacía también una serie de muñequitos amarillos que parecían no aptos para menores por su irreverencia y desparpajo en donde se presentaba una familia típica gringa con sus imperfecciones. Los Simpson. 

Esta generación del terror y del miedo, sin embargo también era una generación cargada de sueños y esperanza. El cambio de década y tal vez la energía de la juventud hacia que viéramos la vida con optimismo y alegría. 

Hoy somos muchas cosas, diseñadores, financistas, médicos, contadores, profesores, actores, equitadores, militares, economistas, servidores públicos, arquitectos, administradores de empresas, pilotos, auxiliares de vuelo, ingenieros, abogados y muchas cosas más. Algunos con familia, otros todavía solteros, casi todos más gorditos y con menos pelo. Creo que nuestra generación es una generación buena con un corazón noble que todavía sueña y se ilusiona. 

Por eso ahora pienso que el 89 fue quizás el año más extraño de mi vida. Mezcla de emociones década de cambio, tristezas, miedos, alegrías, esperanza e ilusión. Estos rasgos todavía quedan en nuestra generación 25 años después, y describe sin duda alguna lo raro que para mí fue ese año en donde hacíamos las primeras excursiones para encontrarnos con la vida adulta y enfrentarnos con el mundo.

Gonzalo Andrés Ramírez Cleves (Bogotá, 19 de diciembre de 2014). 

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